24.7.11

MITOS Y LEYENDAS HISPÁNICAS: EL OJÁNCANO

POR: Rattus Norvergicus


La región de Cantabria es un lugar rico en criaturas legendarias cuyo origen inmemorial nos remite a un pasado precristiano prácticamente olvidado. De este modo nos encontramos seres como la feroz culembre que exhala fuego por sus fauces, las bondadosas xajas protectoras de los recién nacidos o el sabio musgoso que presta su ayuda a los viajeros extraviados; sin embargo la criatura más emblemática de Cantabria es el ojancano


El ojacano es un ogro perverso y brutal que actua como personificación misma del mal, tiene un único y abultado ojo y todo su cuerpo está cubierto de un áspero pelo rojizo, aunque tiene oculto bajos sus larguísimas barbas un diminuto pelo de color blanco, único punto débil del monstruo, puesto que si se le es arrancado el ojancano muere inevitablemente. La maldad de esta criatura se hace notar en las aldeas mediante hurtos de alimentos, daños en los cultivos, raptos de doncellas etc, incluso se dedica a sembrar la discordia entre sus habitantes. 


Esto no obstante no es nada comparado con el horrible destino que les aguarda a aquellos que se adentran sin permiso en los dominios del ojancano, o sin llevar consigo la correspondiente protección mágica consistente a menudo en elementos tales como veneno de sapo o ramas de avellano.

Según las tesis defendidas por el genial folclorista y medievalista francés Claude Lecoteux, los gigantes y ogros omnipresentes en el folclore europeo son en realidad versiones demonizadas por acción del cristianismo y los extirpadores de idolatría de los genios comarcales, númenes de la naturaleza existentes en todos los cultos indoeuropeos. 


Esto se demuestra por pequeños hechos como el de que el ojancano puede ser pacificado mediante ofrendas y libaciones, esto es, aceptando la superioridad de las fuerzas de la naturaleza y actuando en consonancia con sus leyes y normas. 
Además en el ojancano no nace por parto natural sino que surgen al igual que los enanos de la misma tierra resaltando el carácter ctónico de estos seres. 


Posiblemente lo que hoy vemos como un monstruo es en realidad uno de los primeros vestigios de la religiosidad de nuestros ancestros

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