POR: Rattus Norvegicus
Las paginas de la historia ocultan a menudo relatos sobre personajes tan extraordinarios que parecen sacados de novelas románticas o de grandes producciones hollywoodenses, uno de estos casos es el barón Roman Ungern von Sternberg apodado por sus enemigos como el barón sanguinario. Considerado tradicionalmente como un déspota brutal y teocrático, hoy conocemos una visión muy diferente de su persona gracias a la obra de autores como Ferdinand Ossendowski, Julios Evola, Jean Mabire o Hugo Pratt quienes nos muestran la historia de un ser de excepcional valentía y férreas convicciones que vivió y murió por un ideal que muchos osaron tildar de locura.
Vástago de una aristocrática familia báltica de origen vikingo, combatió con valor durante la primera guerra mundial y tras ésta pasó al servicio del gobierno provisional ruso. Con el estallido de la revolución bolchevique ingresó en las filas de la contrarrevolución blanca aunque nunca mostró su apoyo a la caduca figura del zar, si no que más bien organizó una resistencia autónoma junto a su camarada de armas Alexander Seminov, al mando de un leal contingente de caballería integrado por jinetes cosacos y eslavos, que le acompañará en sus andanzas hasta el fin de sus días.
Cuando la causa blanca fue completamente derrotada la personalidad clarividente y aventurera de Ungern Sternberg hizo su aparición: convencido de que la decadencia de occidente era algo ya inevitable (síntoma de ello era la victoria del comunismo) decidió poner sus ojos en Asia último reducto a su entender de gallardía, tradicionalismo y espiritualidad.
Devoto budista y admirador de Gengis Khan liberará a mongolia de sus invasores chinos haciendo de ésta un bastión blanco que gobernará con mano firme y empleará como base de operaciones en la lucha contra el comunísimo al que hostigará hasta el día de su muerte. Su episodio militar más importante será el asedio y toma de Urga (actual Ulan Bator) dónde el ingenio y el valor de Ungern se darán la mano para lograr la victoria sobre un ejército muy superior en número. Todo esto se inscribe dentro de un gran y ambicioso proyecto cuyo objetivo final sería establecer un poderosísimo imperio asiático como otrora hizo Tamerlán y que sirviera de alternativa a la podredumbre moral de occidente, para ello estableció contacto con diferentes líderes religiosos y políticos de India, Japón, Tibet etc.

Cómo en muchos casos el mito trascendió a la persona hasta el punto que las fuentes hablan de que poseía dotes sobrenaturales como el don de la clarividencia que le llevó según dicen a predecir el día de su muerte (lo cual es una facultad que se atribuye a ciertos lamas y hombres sabios budistas). Además su figura es adorada hoy día en algunas regiones de Asia como encarnación del mismísimo dios de la guerra.
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"¡Adelante!...¡A la búsqueda de nuestras locuras y nuestras glorias!" |
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