POR: Rattus Norvergicus
En 1868 aparecieron sus primeros cantos aunque no hubo editor alguno que se atrievera a publicarlos por su naturaleza obscena y blasfema. En 1870 meses antes de la muerte del autor aparece la primera edición de los cantos (en parto subvencionados por el mismo Lautreamont), sin embargo el libro pasa sin pena ni gloria hasta su redescubrimiento y posterior revindicación por los vanguardistas a principios del siglo XX, de echo en nuestro país la obra fué dada a concer fundamentalmente de la mano del poeta Rubén Darío y del pintor surrealista Salvador Dalí. Hoy sin embargo se sabe que la obra si debió de gozar de un cierto éxito contemporaneo en determinados circulos literarios minoritarios, de hecho se ha descubierto correspondencia entre Lautreamont y el pope del decadentismo Joris Karl Huysman, en la que éste le felicitaba por sus cantos, celebrando con especial entusiamo los descarnados episodios de violaciones y bestialismo que la obra incluye.
El protagonista de la obra es Maldoror (nombre construido en base a "mal de aurora" una clara referencia a Lucifer) ejemplo de ser superior que consciente de la naturaleza perversa del genero humano decide ser honesto consigo mismo y en vez de intentar hacer el bien como enseñan las religiones prefiere dejarse llevar por esa naturaleza y recrearse en la misantropia y la maldad. De este modo las páginas del libro destilan odio contra la humanidad y contra Dios (a este le llega a mostrar dormitando borracho sobre sus propias heces en un burdel), pero tampoco se deja llevar por el culto romántico al mal y al demonio (presente en Milton, Baudelaire o Byron) sino que prefiere guardar su devoción hacia conceptos más abstractos e inabarcables como las matemáticas, el oceano o los animales, de hecho Maldoror encuentra el amor entre las aletas caudales de una hembra de tiburón blanco con la que copula apasionadamente entre la espuma marina al ser este el único ser que le iguala en cuanto a crueldad.

Sea cómo sea la brutalidad y malsana hermosura de esta obra sigue impresionando y cautivando a los lectores sin importar el tiempo que haya podido pasar desde su primera edición, sin duda un libro imprescindible para todos aquellos interesados en la literatura con mayúsculas.
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